Las lágrimas fáciles son señal de traición, no de dolor.
A menudo me arrepiento de haber hablado; nunca que me haya callado.
Una buena reputación es más valiosa que el dinero.
El hombre tímido se llama cauto, el sórdido, ahorrativo.
El que vive en soledad puede hacer sus propias leyes.
¡Qué desgraciado aquel que no puede perdonarse a sí mismo!