Pero, ¡ay!, ¿a qué pobre mujer se le enseña alguna vez que debe tener un designio más elevado que el de conseguir un marido?
- Mary AstellPero, ¡ay!, ¿a qué pobre mujer se le enseña alguna vez que debe tener un designio más elevado que el de conseguir un marido?
- Mary Astell