¿Quién inventó el trabajo y condenó el espíritu libre y festivo a la incesante importunidad de los negocios, en los verdes campos y en la ciudad; al arado, al telar, al yunque, a la pala... y, ¡oh, qué triste!, a esta árida monotonía de la madera muerta del escritorio? ¿Quién sino el Ser sin bendición, ajeno al bien, el Satanás sin sábado?
- Charles Lamb